Nelly Ramos, Una mujer de Madera.

Maestra Honoraria

Nelly Ramos.

Crecer con la música, vivir de la música, producir la música, ejecutar la música, estudiar la música, no es una cacofonía, son distintos estados por los que puede atravesar un melómano.

Bien sea involucrado con uno o varios roles sobre la materia de manera simultánea. Cierto es que su desenvolvimiento está transversalizado por la música como campo que solicita desarrollar habilidades cognitivas, motoras, intelectuales y sociales e incluso las requeridas por la industria como son las relacionadas con la negociación y la comercialización.

Esto quiere decir, que la música involucra a la memoria por la necesidad de aprender, recordar y evocar; involucra  el baile,  como forma placentera de comunicación no verbal; involucra el desempeño musical para la ejecución en diversas disciplinas; involucra el ingenio y la creación, para realizar arreglos y composiciones; involucra a la interacción social, por el papel  de la música en bailes, conciertos, programas, fiestas, festivales, concursos, conformación de orquestas y grupos y por último involucra un campo del que muy pocos se ocupan como es la investigación.

Pero aun cuando para el melómano la música ocupa un eje transversal, su vida cotidiana le exige cumplir con requerimientos necesarios para vivir en sociedad, en ellos, la necesidad de trabajar, estudiar, y atender a la familia sin desatender el cultivarse como persona simultáneo con enriquecer sus demandas espirituales.

Ligado a todo este panorama existe un principio básico basado en el nacimiento como fuente de explicación de lo que hombres y mujeres seremos y haremos. Nosotros llegamos al mundo desprotegidos, han sido nuestros padres los que en esa etapa facilitaron nuestra adecuación a la vida, y en la medida que fuimos creciendo inconscientemente nos fueron elaborando un guión sobre lo que seríamos en el futuro, muchas veces quedando defraudados por no ver cumplida ninguna de sus proyecciones.

 Durante los primeros años de vida, la escuela y la familia llevaron las riendas de nuestra formación, socialización y la transmisión de valores, pero en este proceso, la influencia del medio ambiente, cumplió un papel preponderante por llevar tras de sí un curriculum oculto cuya función fue la de transmitirnos información, diferente a la que podría haber abarcado la escuela o la familia. En mi crecimiento personal,

fueron decisivas las influencias recibidas por el ambiente que me ofreció vivir un barrio como fue el barrio Marín de la parroquia San Agustín del Sur en Caracas.

Fue vivir mi adolescencia transcurrida en la década del 70, envuelta  en la confluencia de usos, costumbres, tradiciones y toda una diversidad de prácticas socioculturales inherentes a la cotidianidad del barrio todas culminando en moldear mis gustos, mis preferencias, mis intereses, mi modo de ser, de decir y de actuar.  De qué manera escapar por ejemplo, de la práctica de un vecino ubicado en lo alto del barrio que habitualmente escuchaba salsa amplificándola para toda la comunidad; convivir con los ensayos sabatinos de Frank y su Tribu y de Mon Carrillo y su sexteto o de las prácticas casi diarias de Alfredo Padilla estudiando su timbal en el balcón de su casa; o Pedro García “Guapachá enseñando a los jóvenes sus técnicas de tumbadora; o esperar cada fin de año las descargas callejeras; bailar en las fiestas y templetes disfrutando el tema “Rómpelo de los Dementes , “Guasancó” del Sexteto Juventud o “Pao Pao” de Federico y su Combo Latino; escuchar la hora de la salsa con Phidias Danilo Escalona era materia obligada en la hora del almuerzo, y en la noche “Quiebre de Quinto” con Cesar Miguel Rondón.

Obviamente, que lo dicho en este recuento no es más que una breve sinopsis de cuanta influencia pude haber recibido, pero que al sumarse dan como resultado el soporte de mi expansión por un mundo cultural que fue aderezado por la música pop y las expresiones del movimiento hipiee durante los 70.

Continué mi educación formal  estudiando Psicología en la Universidad Central de Venezuela, simultáneamente realice estudios de Teoría y Solfeo con el profesor Eduardo Serrano y luego en la Escuela José Lorenzo LLamozas, otra parte del tiempo la dediqué a estudiar Danzas Tradicionales en el Instituto Nacional del Folklore.

En el año 77 un grupo de músicos y jóvenes del barrio Marín promovimos la creación del Grupo Madera por medio del cual logramos canalizar todas esas inquietudes vividas en la cotidianidad.

Manteniendo la actividad con el grupo, me involucre con el Canto Coral en la Fundación Vinicio Adames.  En la Fundación Bigott cursé estudios de percusión con el profesor Alexander Livinalli y Canto popular con el profesor Francisco Salazar.

Fui integrante del grupo “Afroamérica” conformado, por Jesús Chucho García, Miguel Urbina, Benigno Medina, Orlando Poleo Johnny Rudas y Faride Mijares. Desde el año 1988 me dedique a la producción de Encuentros Didácticos de músicos percusionistas conformado equipo con Jesús “Totoño” Blanco y José Agapito Hernández.

En el año 93 fui corista de Marianella y su Orquesta. Forme parte del Consejo Editorial y al mismo tiempo articulista de la Revista Así Somos, publicación dependiente del Ministerio de la Cultura.

Pendiente de no desatender mi inquietud académica me dedique a realizar un Doctorado en Educación en la Universidad Católica Andrés Bello

Pasando a otra faceta, tuve una participación como actriz en el film “Pelo malo” de Mariana Rondón (abuela Carmen) obteniendo el galardón como mejor actriz de reparto en el Tribeca Film Festival de New York (2014), en el Festival de Cine Venezolano-Cinelco (año 2014) y el Premio Municipal de Cine (2015), luego participé en el Video clip de “De tú a tú” del disco promocional de Lasso en año 2014.

Recientemente fui galardonada como “Maestra Honoraria” de la Universidad Nacional de las Artes (Unearte), como reconocimiento a la labor cultural desarrollada.

Nelly Ramos/051218

https://www.facebook.com/nelly.ramos04